La producción de petróleo cerrará 2025 en su nivel más alto de las últimas dos décadas

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Impulsada por el shale oil de Vaca Muerta, la Argentina terminará el año con un fuerte crecimiento interanual y un promedio de producción que se acerca a los máximos históricos. El avance estuvo concentrado en la Cuenca Neuquina y liderado por un puñado de operadoras. Para 2026, el sector anticipa una expansión más moderada, condicionada por infraestructura y precios.

La producción de petróleo en la Argentina cerrará 2025 con un salto significativo respecto del año anterior y consolidará el mayor nivel de actividad desde fines de los años noventa. De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Energía y estimaciones del sector, el promedio anual se ubicará en torno a los 820.000 a 830.000 barriles diarios, lo que implica un crecimiento interanual de entre 14% y 16% frente a 2024.

El desempeño de este año no responde a un pico puntual, sino a una tendencia sostenida que se afirmó a lo largo de los doce meses. El principal motor volvió a ser el petróleo no convencional de Vaca Muerta, que explicó más de dos tercios del incremento total y terminó de redefinir el mapa productivo del país.

Vaca Muerta, el eje del crecimiento

Durante 2025, la producción de shale oil superó holgadamente los 540.000 barriles diarios hacia el segundo semestre y llegó a representar cerca del 65% del total nacional. La mejora estuvo asociada a un mayor ritmo de perforación, al aumento de la productividad por pozo y a la consolidación del desarrollo por pads, que permitió reducir costos y acelerar tiempos.

En términos históricos, el salto es relevante: hace apenas cinco años, el no convencional explicaba menos de la mitad de la producción total. En 2025, el shale no solo compensó el declino natural de los yacimientos maduros, sino que empujó el crecimiento neto del país.

Producción por cuencas: un mapa cada vez más concentrado

El avance productivo tuvo una distribución geográfica claramente asimétrica.

La Cuenca Neuquina concentró prácticamente todo el crecimiento del año. Allí, el aumento interanual fue de dos dígitos, apalancado por Vaca Muerta y por la expansión de proyectos de shale oil en áreas ya desarrolladas.

En contraste, la Cuenca del Golfo San Jorge mostró una producción estable o levemente en descenso. Las operadoras enfocaron sus inversiones en técnicas de recuperación secundaria y terciaria para sostener niveles, pero sin capacidad de aportar crecimiento significativo.

La Cuenca Austral y la Cuyana tuvieron un peso marginal en el balance petrolero del año. En el sur, la actividad siguió más vinculada al gas, mientras que en Cuyo predominó una estrategia de mantenimiento de yacimientos maduros.

El rol de las petroleras

El ranking de productores volvió a estar liderado por YPF, que se consolidó como el principal jugador del upstream argentino y el actor dominante en shale oil. La compañía explicó una porción sustancial del crecimiento total y reforzó su liderazgo en la Cuenca Neuquina.

Detrás apareció Vista, que en 2025 volvió a mostrar uno de los mayores ritmos de expansión del sector y se afianzó como el segundo operador de shale oil del país. Shell y Chevron también registraron incrementos sostenidos en sus áreas clave, mientras que Pan American Energy, Pluspetrol y Tecpetrol mostraron desempeños más heterogéneos según su cartera de activos y cuenca.

Entre los operadores medianos, el año estuvo marcado por una estrategia de mayor eficiencia y, en algunos casos, por la rotación de activos convencionales para concentrarse en áreas de mayor productividad.

Límites y tensiones del modelo 2025

El crecimiento acelerado también dejó en evidencia restricciones estructurales. Durante el primer semestre, la saturación de la infraestructura de transporte condicionó el ritmo de evacuación del crudo, mientras que las exportaciones dependieron de capacidad incremental y ventanas logísticas.

A eso se sumó, hacia el cierre del año, un escenario de precios internacionales del petróleo más presionados, que obligó a las compañías a afinar costos y priorizar proyectos de mayor rentabilidad. En ese contexto, sostener los niveles de inversión aparece como un desafío clave para evitar un freno en 2026.

Qué espera el sector para 2026

Las previsiones para el próximo año son más cautas. Según proyecciones de consultoras internacionales y organismos como la EIA y S&P Global, la producción argentina podría crecer en 2026 a un ritmo más moderado, del orden del 5% al 8%, siempre que se consoliden nuevas obras de infraestructura y se mantenga un contexto de precios razonable.

La entrada en operación de ampliaciones de oleoductos y una mayor orientación exportadora aparecen como factores decisivos para validar el salto productivo logrado en 2025. El consenso en el sector es que el desafío ya no es geológico, sino logístico, financiero y regulatorio.

En ese marco, 2025 quedará registrado como un año bisagra para el petróleo argentino: el momento en que la producción recuperó escala y volvió a niveles históricos, con Vaca Muerta como activo central y con la mirada puesta en transformar ese crecimiento en una trayectoria sostenible en el tiempo.